viernes, 22 de octubre de 2010

Diles que no me premien


Y ni hablar que se lo dieran a Léopold Sédar Senghor, a Gibran Khalil Gibran o a Yukio Mishima. Pinches exóticos raros.


Marcelino Perelló



Nunca se lo dieron a Pío Baroja. Ni a Azorín ni a Ramón del Valle Inclán ni a Miguel de Unamuno ni a Ramiro de Maeztu ni a Jorge Guillén. Ni a Federico, Federico García Lorca ni a León Felipe ni a Antonio Machado ni a Manuel Machado ni a Pedro Garfias ni a Rafael Alberti. Ni a Miguel Hernández, ni Jorge Semprún.

Ni a Blas de Otero ni a Gabriel Celaya. No se lo dieron ni a Vicente Blasco Ibáñez ni a Jacinto Benavente. Ni a Benito Pérez Galdós.

Ni a Juan y Luis Goytisolo ni a Javier Cercas de Salamina. Ni a León Tolstoi ni a Anna Akhmatova ni a Vladimir Maiakovski ni a Serguei Esenin ni a Mihail Bulgakov ni a Evgueny Evstushenko ni a Anton Chejov ni a Máximo Gorki. No se lo dieron a Ilf y tampoco a Petrov.

Ni a Marcel Proust ni a Marguerite Duras ni a Colette ni a Simone de Beauvoir ni a André Breton ni a Tristan Tzara ni a Jean Genet ni a André Pieyre de Mandiargues ni a André Maurois ni a André Malraux ni a Blaise Cendrars ni a Émile Zola ni a Alfred Jarry ni a Antonin Artaud ni a Antoine de Saint Exupéry. No se lo dieron a Alain Robbe-Grillet ni a Robert Desnos ni a Albert Cohen ni a Georges Bernanos ni a Jacques Prévert ni a Louis Aragon ni a Paul Eluard ni a Jean Cocteau, ni siquiera a Marguerite Yourcenar.

No se lo concedieron a Graham Green ni a Allan Sillitoe ni a A. J. Cronin ni a Edward Albee. Ni a Dylan Thomas, ni a Lawrence Durrell ni a Salman Rushdie. ¿Y cómo se lo van a dar a Morris West, si no se lo dieron ni a James Joyce?

Ni a Bertold Brecht ni a Stefan Zweig ni a Robert Musil ni a Rainer Maria Rilke ni a Joseph Roth ni a Peter Handke. Y, por supuesto, no a Franz Kafka ni a Konstantinos Kavafis ni a Arthur Koestler. Ni por nórdicos a August Strindberg o a Stieg Larsson o a Elvi Sinervo o a Joseph Conrad o a Jaroslaw Iwaszkiewicz. Y ni hablar que se lo dieran a Léopold Sédar Senghor, a Gibran Khalil Gibran o a Yukio Mishima. Pinches exóticos raros.

Pero jamás se lo dieron a Alberto Moravia ni a Cesare Pavese ni a Italo Calvino. Bien occidentales ellos. Ni a Curzio Malaparte ni a Gabriele d’Annunzio ni a Dino Buzzati ni a Giuseppe Tomasi de Lampedusa ni a Pier Paolo Pasolini ni a Alessandro Baricco. Y, de paso, tampoco a Fernando Pessoa ni a António Agostinho Neto. Ni a Milan Kundera.

En ese plan, ¿qué podían reclamar los rumanos Eugen Ionescu, Marin Preda, Marin Sorescu, Panaït Istrati, Lucian Blaga, Mihail Sadoveanu, Camil Petrescu, Liviu Rebreanu, Tudor Arghezi, Mircea Eliade, Emil Cioran? Calladitos se ven más bonitos.

¿Y los catalanes? Usted dígame. Que escriban en español y se dejen de pendejadas. Nadie sabe quiénes son Mercé Rodoreda, Josep Carner, Salvador Espriu, Joan Salvat-Papasseit, Màrius Torres, Joan Vinyoli, Miquel Martí i Pol, Carles Riba, J.V. Foix, Josep Pla.

Pero ya puestos a no otorgar se llevaron entre las patas a Mark Twain. No le dieron ni las gracias. Ni a Gertrude Stein. ni a Robert Frost. Ni a Jack Kerouac ni a John D. Salinger ni a John Dos Passos ni a ninguno de los dos Miller, ni a Arthur ni a Henry, ni a William S. Burroughs ni a Allen Gingsberg ni a Kurt Vonnegut ni a Truman Capote ni a F. Scott Fitzgerald ni a Henry James ni a Tennessee Williams ni a Charles Bukowsky ni a Jack London.

Y que ni vayan a pensar Norman Mailer, Vladimir Nabokov, John Kennedy Toole, Paul Bowles, H.P. Lovecraft, Ray Bradbury y Sylvia Plath, que a ellos sí les va a tocar algo. Ni sus luces.

Ignoraron del todo a Rubén Darío y también a José Eustasio Rivera y a Rómulo Gallegos. A Alejo Carpentier y a José Lezama Lima. A Nicolás Guillén.

No se lo dieron a Vicente Huidobro ni a Adolfo Bioy Casares ni a Horacio Quiroga.

No supieron de César Vallejo ni de Ciro Alegría ni de Nicanor Parra ni de Juan Gelman ni de Gonzalo Rojas ni de Ernesto Sábato o Roberto Bolaño.

Tuvieron, no sé si la osadía, la prepotencia o la estulticia, de no dárselo a Jorge Luis Borges ni a Mario Benedetti ni a Julio Cortázar.

No se lo dieron a Joâo Guimarâes Rosa ni a Jorge Amado ni a Carlos Drummond de Andrade.

Y dejaron de dárselo a Augusto Monterroso y a Álvaro Mutis, a Rosario Castellanos, a Jaime Sabines, a Ricardo Pozas, a Juan García Ponce, a Martín Luis Guzmán, a Ramón López Velarde, a José Gorostiza, a Carlos Pellicer, a Elena Garro, a Gilberto Owen, a Jorge Cuesta, a Óscar Liera, a Inés Arredondo, a Mariano Azuela, a Bruno Traven, a Juan José Arreola, a Francisco Rojas González, a Juan Bañuelos, a Jorge Ibargüengoitia, a Jorge Brash, a Efraín Huerta, a David Huerta, a Juan García Ponce, a Emilio Carballido. No se lo dieron, sobre todo, a Sergio Pitol, a Fernando del Paso y a José Emilio Pacheco.

Y dejaron de dárselo a Juan Rulfo.

¿Entonces por qué chingada madre se lo dieron a Mario Vargas Llosa?

2 comentarios:

Humberto Gillan dijo...

Muy interesante lo que dijiste sobre esos escritores.
Te linkeé en mi blog
http://rubber-soul-magazine.blogspot.com

André de Cabriñana dijo...

Hola, has leido a todos esos escritores? yo tengo 23 y solo he leido al 60-70% de ellos, de algunos solo un libro, si es así increíble :) saludos de Peru.
Te recomiendo unos peruanos buenos: Luis Hernandez, Miguel Gutierrez, Manuel Scorza, Gamaliel Churata, Clemente Palma, Jose Maria Eguren, Cesar Moro, Emilio Adolfo Westphalen, Carlos German Belli y el mejor de la ultima decada Enrique Prochazka.